3.3.12

El tópico de la semana

- Voy a poner el lavarropas - me dice

- Ni se te ocurra- le digo
- Lo ponemos en media carga y dejamos que desagote en el balde y...
- Ni se te ocurra- le digo
-Mirá esperamos a que el balde se llene, lo llevás a desagotar y después ponemos el otro...
- No, ni loca. no quiero más problemas con el agua. *

Y así probamos, hasta que nos dimos cuenta de que podríamos empezar a cantar con Teresa Parodi" apuráte José que ya está viniendo la creciente otra vez". Entonces apelamos a una solución razonable: pusimos el lavarropas, sacamos la manguera de desagote, sacamos el contenedor enorme de la comida de la perra, pusimos la manguera dentro del contenedor y dejamos el balde como back up por si sobraba agua.

La única espantada es nuestra gata, que por primera vez en su joven vida vio un lavarropas en acción.

Una solución glamorosa a la medida de las pequeñeces del nuestro cotidiano.



* Problemas con el agua: nuestro estado de cosas desde que nos mudamos y en nuestro nobel hogar hay cantidades exorbitantes del líquido elemento donde no debería haberlas y no sale ni una gota de donde sería muy conveniente que saliera.

23.2.12

... sed lex (renovación y cambio)

- Pero, tirálos. Total, hoy por hoy todo está en Internet.


Se escuchó la sentencia lapidaria para mi colección de catálogos de los últimos 10 años del BAFICI. Mi pregunta, recibió la respuesta de la contundencia. Es verdad, aunque la página sólo presente el catálogo de las ediciones 2008 en adelante. En los últimos años jamás abrí ni siquiera uno y no veo demasiada perspectiva de que vaya a hacerlo en los próximos años (el estante más alto en lo más alto de la nueva biblioteca tampoco es muy accesible).

Los libros o subrogados que no se usan y uno no recuerda muchas veces que tiene son un lastre. Posiblemente los demás, también lo sean.

Uno de los contenedores que el ultra cheto Monsieur Macrí esparció por mi barrio será el feliz poseedor de 6 kg de papel -polvoriento- que habla de cine.

16.2.12

Merienda en Bellos Aires



Lo que logra el calor en Buenos Aires en cierta clase de gente que, sin dudas, es gente con clase...

(Falta un par extra de piernas: el de la fotógrafa, una servidora).

2.2.12

Perder el respeto a ley severa*

Ella usa tacos bajos y alterna sus perfumes. Tan ella en su estilo propio (a pesar del detalle de que compartamos la ropa), tan llena de detalles encantadores. No siempre estamos de acuerdo en todo (de hecho, me regula: cada vez que me brota el instinto asesino, ella me calma). Y me ha dicho: basta, hasta acá, con una seriedad necesaria para contrastar mis recientes desesperaciones.


Ella me cuenta cómo serán los sillones que tendremos en el living cuando seamos viejas y los gatitos que tendremos y las visitas de los nietitos. Ella me cuenta y yo la escucho muda. No porque no tenga qué decirle, sino porque lo que escucho me hace llorar emocionada. ¿Yo, sensiblera? Así parece: es tan hermoso escuchar en sus palabras que el tiempo fue justo con nosotras y que todas nuestras acciones de estos tiempos se van a ver compensadas en ese futuro de pacífica felicidad.

Todo así, como si la vida fuera simple y justa con todos. Y así se me escapan un par de lágrimas. Como la madrugada en que se aprobó la ley, con esa seguridad de que nuestra vida nunca más iba a ser la misma . Llorar sin tristeza, mansamente, con algo que hay que dejar salir porque llena el pecho, aunque sin angustia.

Así la escucho y la quiero en este tiempo.



24.1.12

Potter: vencedor de monstruos interiores

Nunca había leído ninguna de las novelas sobre Harry Potter. Cuando recién comenzaron a traducirlas al castellano, me las ingenié para que no me tocara corregirlas (trabajaba para la editorial en cuestión). Me pareció que era literatura para adolescentes. La falta de tiempo y el trabajar muchas horas con libros, a veces, fundan prejuicios y hacen que se esfumen las ganas de probar otra cosa.


Desde hace unos meses comencé con la lectura por demanda familiar. Mi hijastrita y su mamá me miraban con caras reprobatorias cada vez que yo preguntaba obviedades o intentaba corregir alguno de los latinajos que aparecen como hechizos (Claro, pobre... ella no leyó...)

Así fue que me prohibieron ver las películas y me fueron poniendo sobre la mesa de luz cada una de las novelas. El escepticismo me duró muy pocas páginas. En el primer tomo levanté la ceja a las pocas carillas al leer que un gato desaparecía en Privet Drive. Me quedé esperando que sólo permaneciera la sonrisa para poder gritar el plagio. Pero no sucedió. Siempre es mejor ser culto que no serlo, siempre es mejor haber leído los clásicos que desconocerlos. Y JK, que tiene mucha de esa cultura, tiende al lector adulto (o al niño con formación clásica o que haya visto Troya) todo el laberinto de lecturas preexistentes. Recuerdo ahora estas, pero hay muchísimas:
*Si hay una amistad que va más allá de la muerte es la de Aquiles y Patroclo (o la de James y Sirius)
* Si la Hermione homérica era descripta como la hija ilustre del ilustre Menelao, aquí la Hermione de JK es la niña ilustrada por excelencia y la alumna más destacada (y los nenes se me matan de risa porque para mí ese nombre griego jamás sera la /Jermáioni/ de las películas y me obstino en llamarla /Ermióne/). Si la raciniana era un obstáculo, aquí también se vuelve límite en las travesuras y marcadora de lo que se debe hacer.
*Si hablamos de cualquier perro gigante con tres cabezas que custodia una puerta aquí aparece Fluffy, tataranieto del noble Cerbero virgiliano.
*Con Tiresias como ejemplo, el arte de la adivinación suele compensar la ceguera, Madame Trelawney, ademas de llamarse Sibyll, es miope como un topo.

¿Cuál fue para mí la clave? Harry-niño-huérfano presenta uno de los mayores miedos infantiles: el abandono. Vivimos cada uno de sus logros reeditando nuestros propios terrores de la niñez y lo frecuentamos como adultos comprendiendo que la fortaleza y la nobleza son herramientas invaluables.

La autora presenta el desafío de hacer pensar en el mayor de los terrores y la mejor de las felicidades: tal es el arma para poder vencer a los monstruos que rodean al protagonista y que no son más que los mentados monstruos interiores. Un boggart adopta la forma de lo que más tememos (y si bien no es gratuito afectivamente, no está demás saber con cuál máximo terror enfrentamos la vida): ser conscientes de ese terror permite enfrentarlo y superarlo. Lejos de cualquier manual de auto ayuda, me encontré a mí misma buscando ese momento de extrema felicidad (que JK elige llamar patronus que es el nominativo latino que indica al "protector" y que deriva directamente de la palabra pater, es decir, padre: el gran ausente de estos textos).

Más allá de las interpretaciones psicoanalíticas que me exceden, Harry Potter conmueve porque identifica desde lo más esencial: el miedo y su superación.

El domingo por la tarde fui cuidadosamente chequeada para verificar hasta dónde había leído para luego instalarnos todos en el sofá y comenzar con la maratón de las películas.

18.1.12

Alto, muy alto

¿Viste eso de tocar el cielo con las manos?





¿Viste (volviéndote prosaica en dos minutos) eso de andar apunada hasta la médula cuando pasás los 3000 m sobre el nivel del mar?



(camino a Cachi)

Salta y la literatura gótica

Hundreds Halls es una casa que fue perdiendo su esplendor de otros tiempos y es el escenario del El ocupante. Un poco de Casa Usher otro del conflicto de ideologías del Canterville de Wilde, algo de las Brontë, mucho de la novela gótica y algunos personajes que hacen un homenaje inconfeso a Wilkie Collins (no lleva más que un par de páginas notar la semanjanza entre la Marian de La mujer de blanco y esta Caroline). Es evidente que Sara Waters ha tomado lo mejor de toda la herencia de novela trivial en lengua inglesa y más evidente resulta que ha sabido muy bien qué hacer con ese material, ya que la novela es excelente.

La venía llevando y trayendo conmigo en el último mes, una lectura postergada por algunos meses en los que tuve que dedicarme a leer por trabajo o estudio. Sus 500 y algo de páginas también la volvieron la compañera de ruta en estas vacaciones.

Pero nada de esto era el punto al que yo deseaba llegar y que es por qué me gustó tanto esta novela. La respuesta es simple: su imenso poder de sugestión, personajes perfectamente construidos, una trama consistente y un final del que no voy a hablar, porque me parecería una villanía arruinarles la lectura.

El detalle que mejor demuestra hasta qué punto me llevó de las narices la novela es que durante el par de dias lluviosos que pasamos en la Quebrada de San Lorenzo, preferí no acercarme al libro: el entorno me parecía demasiado semejante a la enorme casona que me describía la novela.

No me fue posible cerrar la puerta del baño sin escuchar el mi hijita no es siempre del todo buena de la señora Ayres...




10.1.12

Viñas y nubes



Cafayate está lleno de colores. Blanco, rojos, azules. Difícil elegir dónde poner primero el ojo.

Anduvimos en bicicleta entre las viñas como una versión feliz y lésbica de la familia Ingalls.

Fuimos auxiliados por una norteamericana luego de haber sido atacados por una abeja.

Hicimos asado pero no probamos el vino.

Nuestra versión sui generis de una estancia perfecta.

9.1.12

Tucumanitos



Llegamos a las 16.40 a San Miguel de Tucumán.

La salida del aeropuerto fue como la entrada a un horno.

40.5 centígrados afuera.

En 140 kilómetros perdimos 20 grados y recobramos las ilusiones.

Verde de toda verdura.

Tafí del Valle.

4.1.12

Semióticamente hablando

Los cambios sociales nos ponen en jaque ante la necesidad de poder decodificar los nuevos signos, aprender a leer nuevos códigos. Los jóvenes son los más permeables al cambio y, por lo tanto, los que primero incorporan las nuevas maneras que rigen nuestra sociedad.


Ayer por la mañana leíamos en la playa. Bikinis decorosas para cuerpitos modelados pero levemente sedentarios. Estábamos boca abajo sobre ese lindo pareo con la bandera del arco iris. Pasa un jovencito que nos pregunta si las señoras queríamos ensalada de frutas. Evidentemente estaba al tanto de la Ley de Matrimonio Igualitario y al ver tan linda pareja de chicas no dudó del hecho de que estuviéramos casadas y por eso nos dijo señoras...

Volviendo a poner pies en tierra y quitando del medio la racionalización, frente a la opción de que parezco una señora canónicamente hablando cuando me tiendo culo al cielo a leer sobre la arena, quedan dos opciones:
1. la respuesta que da Anita Prada: "Usted me llama señora porque no me vio montar"
2. un poco de medicación para gestionar la angustia.

26.12.11

Condiciones

La vida es casualidad, pero sólo si te mueves.


(Leído en las previas a la Nochebuena y tan cerca de las previas de Nochevieja y sintiéndome tan en movimiento y producción . Leído, decía, en el blog de Hilario y tomado en préstamo porque me pareció que era un buen intento de síntesis para el año que se va terminando.)

22.12.11

CV

Ir a comprar ladrillos y cal y arena y no desesperarse frente a "lo desconocido".

Mirar con ojos codiciosos ese monocomando*.
Asistir al niño que muestra, sangriento, el reciente dientito que se arrancó sin siquiera mencionar al roedor Pérez (Ay, Fiamma, ya soy grande...).
Asistir, decía, y no desmayarme.
Leer 600 páginas en dos días y no enloquecer.
Escribir un trabajo sesudo.
Seguir haciendo la cena.
Mi vida.

* Grifo único para agua fría y caliente

20.12.11

¿Para qué me viniste a buscar si ni siquiera me mirás? (una ópera)



Fuimos el sábado a pasado a Montevideo a ver la preciosa puesta en escena que hizo La Fura dels Baus de Orfeo ed Euridice en el Teatro Solís.
En el comienzo, el escenario no era más que una caja roja con el título y el autor de la ópera a la que asistiríamos. Nos asomamos un poco más para ver dónde estaba el foso de la orquesta. ¿No habría música en vivo? La sorpresa fue al ver entrar a los músicos de riguroso cat suit blanco y azul, con sus instrumentos bajo el brazo, trepar por el escenario, rebatir una serie de puertas-trampa que estaban en el piso (y que serían usadas de atriles) y meterse de bajo del escenario. Los músicos serían músicos y Furias y demás acompañantes de Orfeo en su descenso al reino de los muertos. Casi de inmediato se reveló el misterio de la escenografía: mapping mediante la caja roja del escenario fue una villa italiana (en la que también tocaban los mismos músicos que encontrábamos en escena), y una serie de escenarios dantescos y, más bien dignos del Prospero's Books de Greenaway (nada se gana, nada se pierde, todo se transforma. Y muchas veces, sucede con la mejor de las calidades).
Rico en simbolismos el reino de los muertos será el lugar del tiempo, de las gárgolas, de las escrituras indescifrables. Contando con una boca de escena no demasiado grande se decidió quitar gente del escenario: el Amor se descuelga con una roldana desde el Paraíso hasta el escenario por encima de la platea y desde allí se dedica a sortear sus coloraturas (precioso timbre el de Sandra Scorza) y Orfeo que debe descender al Hades, pasa sus últimos momentos en el reino de los vivos a tres metros por sonbre el escenario, sobre una tarima que luego, en otro ángulo de inclinación, será el camino que deban recorrer los esposos. Así como indica el texto, Orfeo descenderá pero sobre un plano inclinado a 90º y con un arnés que la sostiene (en paralelo al suelo).
Una Euridice de timbre limpio (es a ella a quien pertenece la queja, que la obra asocia con el eterno femenino: "para qué me viniste a buscar si ni siquiera me vas a mirar". El sábado el rol fue cantado por Marianne Cardoso) y una Orfeo (Mariella Nocetti) que se banca las alturas, canta todas la notas y agrega unas fiorituras bien resueltas a la esperadísima "Che farò senza Euridice" que canta (y es una lástima) estando sola en el escenario.
Como nota mundana, delicioso el kebab que se puede comer frente al teatro y que sirve para cerrar una linda noche.

(Volviendo después de algunos años sobre el tema de los roles masculinos cantados por mezzos).

5.12.11

Apunte callejero


Encontrado por casualidad en la calle.
Fotografiado por curiosidad.
Publicado para ver cuánto aguantan sin querer reponer las tildes que faltan.

(Conservado porque se me llenó la cabeza de preguntas sobre quién pudo escribir esto, qué sentía, por qué decidió ponerlo por escrito. Y por las tildes... nada. Menos que secundario resultaría).

El producto de las utopías




Miranda, hija de Próspero y criada en una isla por determinación de su padre conoce el mundo a través del amor. O lo que ella considera el mundo a través de lo que ella cree que es el amor, pero como más allá de la subjetividad sólo se encuentra el aire mismo, nada podemos objetarle. Shakespeare le hace decir en su The tempest, luego de haber conocido a Ferdinand, que el mundo es maravilloso y descubre que está poblado por criaturas de las que nunca había tenido noticias (los humanos, as a matter of fact, y el hombre en particular, ya que ya que su padre es un anciano y Caliban es un "monstruo"). Este amor replica en una nueva manera de conocer el mundo.


Oh, wonder
How many goodly creatures are there here!
How beateous mankind is! O brave new world!
That has such people in it!

Que el amor haga abrir los ojos y cambie la percepción del mundo resulta, cuanto menos, conocida (desde La vie en rose hasta cualquier otro texto menos presentable). Tal vez aquí lo curioso sea no tanto la afirmación sino el ojo atento de otro escritor puesto sobre estas palabras: unos siglos más tarde, Aldous Huxley propone lo que en castellano se conoció como "Un mundo feliz". La traducción arruina cualquier posible punto de contacto con el texto de Shakespeare, porque que el texto se llama originalmente Brave new world.

Pero Huxley retoma conceptualmente el texto de Shakespeare: tanto la isla como el necesario futuro que aquí se cierra son las marcas de la utopía- distopía. Y este es el punto de su novela. Cuánto mejor y más tranquilos estaríamos en un mundo que hubiera abandonado el deseo utópico. Y, en definitiva, todos los deseos, ya que la sociedad presentada es la de los ultra condicionamientos. En lugar de cadenas, drogas. Una cárcel perfecta.

Prospero no ha quedado tan lejos. La ironía de la felicidad contra la ficción de la representación.

Todo texto responde a un enunciado anterior y presupone respuesta de uno posterior, digo glosando mal y rápido a Bajtín. Probablemente encontrar estos recorridos entre los textos sea de las mayores delicias de la literatura.


25.11.11

"Irse para el otro lado"



"Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle porque creo que es sobre todo un sentimiento (...) visceral, me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. Ese sentimiento, que creo se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento. Les puede suceder a ustedes (...), a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional. Para gente dotada de sensibilidad para lo fantástico, ese sentimiento, ese extrañamiento está ahí, a cada paso y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de viento interior, que los desplaza y que los hace cambiar.
Julio Cortázar, "El sentimiento de lo fantástico"



Ya dije que me gustaba Julio Cortázar. Si bien ya no siento por él la idolatría de la adolescencia, todavía siento la tranquilidad de volver a un viejo conocido cada vez que lo leo. Alguien a quien se le puede guiñar el ojo porque te conoce bien conocida. Ayer, después de una de esas complejas jornadas que a veces la vida nos regala, jornada aciaga en la que me dediqué a leer y hacer leer esta preciosa conferencia de Cortázar, iba a tomar el subterráneo por la tarde para ir al centro. No había nadie en el andén. Al llegar al tren elegí uno de los vagones del fondo, porque venían casi vacíos (qué suerte que tengo, qué buena estrella). Me senté a leer sin preocuparme de nada más porque venía medio fundida y el libro era buena compañía en esos casos. Unos minutos más tarde veo que todo el mundo se baja en manada. Qué raro. Levanto un poco más la mirada y llega el extrañamiento. Me sé en un asiento de terciopelo bordó * con un libro en la mano pero no reconozco la estación. Miro y miro. No reconozco los pisos brillantes ni los revestimientos de metal de las paredes. Casi como pasa la primera vez que uno toma el subte en una ciudad que no es la propia. Pero yo acá no recordaba haberme ido de viaje ese día. eso me parecía una prueba determinante. Muy bien, no sé dónde estoy ni qué pasó. Me tranquilizó ver que había gente que subía y prepoblaba el vagón. No me tranquilizó ver que (después de años de hacer ese recorrido) a sabiendas de que iba para el barrio de Congreso, me hubiera tomado el subte en dirección a Núñez y haya terminado en la estación Congreso de Tucumán. Coherencias internas de la Ciudad de Buenos Aires: mismo nombre que designa dos cosas diferentes.
Mandé los mensajes de rigor, declarándome idiota y avisando que llegaría más tarde. Sonreí aliviada y casi contenta de que me volviera el recuerdo del texto de esa mañana y se quedara conmigo mientras rehacía el viaje.


* Pásense por "Continuidad de los parques" y me van a entender de inmediato

20.11.11

Mimético

Supongamos que te ha escrito, sin conocerte demasiado, que te ama. O tal vez te conozca, hasta podríamos decir bastante, pero no desde hace mucho tiempo. La cosa es que te ha escrito que te ama. Después de recibir esa declaración, sólo buscás poder estar cerca de ella. De estar lejos, nada impide arrancar el auto y manejar 2000 kilómetros para poder abrazarla. De estar en la misma ciudad, sólo hay que tratar de esperar que pasen las horas para poder tocarla. Durante esa espera sucede la tortura: qué esperar del encuentro, qué se hace cuando se está frente a frente con ese amado que se vuelve desconocido a fuerza de haber declarado sus sentimientos. Ya no podrá volver a ser la amiga, ahora es quien dice amarme y eso la vuelve única a mis ojos en el mundo.

¿Ir a buscarla? ¿Esperar? ¿Qué hacer cuando una mujer te declara su amor? Imposible no pensar en el trayecto: ella estará en su casa, tal vez tarde en abrir la puerta. Seguramente se sentirá incómoda frente a tu presencia. Un cosa es escribir un te amo y otra es exponer el cuerpo... ¿Ofrecerá café o el primer beso en la boca? Va a abrir la puerta, ¿te va a tocar? ¿podrá sostenerte la mirada? ¿Qué hacer con las manos, frente a la persona amada y casi desconocida? ¿Cómo presentarse en intimidad con quien nunca la has tenido?



Tantas veces se ha discutido acerca de qué es lo que vuelve clásica una obra literaria. Lo mismo se puede hacer extensible al cine. Un clásico resulta "Un homme et une femme" de Claude Lelouch ( ¿y quién no ha escuchado alguna vez la canción que hace de leimotiv de la película?).

Después de haberla visto en el fin de semana, resulta imposible no admitir que alguna vez nos ha tocado estar detrás de ese volante. La actualidad, la empatía que genera, la universalidad de lo que plantea: clásica y hermosa película.