25.11.11

"Irse para el otro lado"



"Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle porque creo que es sobre todo un sentimiento (...) visceral, me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. Ese sentimiento, que creo se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento. Les puede suceder a ustedes (...), a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional. Para gente dotada de sensibilidad para lo fantástico, ese sentimiento, ese extrañamiento está ahí, a cada paso y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de viento interior, que los desplaza y que los hace cambiar.
Julio Cortázar, "El sentimiento de lo fantástico"



Ya dije que me gustaba Julio Cortázar. Si bien ya no siento por él la idolatría de la adolescencia, todavía siento la tranquilidad de volver a un viejo conocido cada vez que lo leo. Alguien a quien se le puede guiñar el ojo porque te conoce bien conocida. Ayer, después de una de esas complejas jornadas que a veces la vida nos regala, jornada aciaga en la que me dediqué a leer y hacer leer esta preciosa conferencia de Cortázar, iba a tomar el subterráneo por la tarde para ir al centro. No había nadie en el andén. Al llegar al tren elegí uno de los vagones del fondo, porque venían casi vacíos (qué suerte que tengo, qué buena estrella). Me senté a leer sin preocuparme de nada más porque venía medio fundida y el libro era buena compañía en esos casos. Unos minutos más tarde veo que todo el mundo se baja en manada. Qué raro. Levanto un poco más la mirada y llega el extrañamiento. Me sé en un asiento de terciopelo bordó * con un libro en la mano pero no reconozco la estación. Miro y miro. No reconozco los pisos brillantes ni los revestimientos de metal de las paredes. Casi como pasa la primera vez que uno toma el subte en una ciudad que no es la propia. Pero yo acá no recordaba haberme ido de viaje ese día. eso me parecía una prueba determinante. Muy bien, no sé dónde estoy ni qué pasó. Me tranquilizó ver que había gente que subía y prepoblaba el vagón. No me tranquilizó ver que (después de años de hacer ese recorrido) a sabiendas de que iba para el barrio de Congreso, me hubiera tomado el subte en dirección a Núñez y haya terminado en la estación Congreso de Tucumán. Coherencias internas de la Ciudad de Buenos Aires: mismo nombre que designa dos cosas diferentes.
Mandé los mensajes de rigor, declarándome idiota y avisando que llegaría más tarde. Sonreí aliviada y casi contenta de que me volviera el recuerdo del texto de esa mañana y se quedara conmigo mientras rehacía el viaje.


* Pásense por "Continuidad de los parques" y me van a entender de inmediato

6 comentarios:

brilluda dijo...

Genial, genial miss fiamma sonriendo desde el asiento de terciopelo bordó.
Hola Julito!!

Fiamma dijo...

Brilluda: hola y gracias. Bah, como silo del subte fuera terciopelo... pero eso ya es otra historia.
un beso ;)

Fiona Mettini dijo...

Hola Fiamma, es una escena bastante típica de Mercurio retrogrado!! un beso

Fiamma dijo...

Fiona: sigo siendo una bruta en esos temas, de todas formas muy pocas veces caigo en esos cuelgues. El síndrome de cierre de año me colabora bastante.
Felicitaciones por el libro!
Un beso

Anónimo dijo...

Hermoso lo que escribiste. Qué asociación más inteligente entre lo que te pasó y el recuerdo de Cortázar.
¡Si se pudieran leer más blogs como el tuyo y menos egos descontrolados!

ceci dijo...

Muy buen post! Escribís muy lindo, vale la pena leerte.
Un beso.