20.11.11

Mimético

Supongamos que te ha escrito, sin conocerte demasiado, que te ama. O tal vez te conozca, hasta podríamos decir bastante, pero no desde hace mucho tiempo. La cosa es que te ha escrito que te ama. Después de recibir esa declaración, sólo buscás poder estar cerca de ella. De estar lejos, nada impide arrancar el auto y manejar 2000 kilómetros para poder abrazarla. De estar en la misma ciudad, sólo hay que tratar de esperar que pasen las horas para poder tocarla. Durante esa espera sucede la tortura: qué esperar del encuentro, qué se hace cuando se está frente a frente con ese amado que se vuelve desconocido a fuerza de haber declarado sus sentimientos. Ya no podrá volver a ser la amiga, ahora es quien dice amarme y eso la vuelve única a mis ojos en el mundo.

¿Ir a buscarla? ¿Esperar? ¿Qué hacer cuando una mujer te declara su amor? Imposible no pensar en el trayecto: ella estará en su casa, tal vez tarde en abrir la puerta. Seguramente se sentirá incómoda frente a tu presencia. Un cosa es escribir un te amo y otra es exponer el cuerpo... ¿Ofrecerá café o el primer beso en la boca? Va a abrir la puerta, ¿te va a tocar? ¿podrá sostenerte la mirada? ¿Qué hacer con las manos, frente a la persona amada y casi desconocida? ¿Cómo presentarse en intimidad con quien nunca la has tenido?



Tantas veces se ha discutido acerca de qué es lo que vuelve clásica una obra literaria. Lo mismo se puede hacer extensible al cine. Un clásico resulta "Un homme et une femme" de Claude Lelouch ( ¿y quién no ha escuchado alguna vez la canción que hace de leimotiv de la película?).

Después de haberla visto en el fin de semana, resulta imposible no admitir que alguna vez nos ha tocado estar detrás de ese volante. La actualidad, la empatía que genera, la universalidad de lo que plantea: clásica y hermosa película.

4 comentarios:

W. Von Dunajev dijo...

Me han dicho " te amo" a más de 10 mil kilómetros... Cuando estuvo un poco más cerca, pero aún en otra ciudad, fui a buscarla. Me esperaba en su trabajo, tuve que preguntar por ella, lo primero que vi fue su pelo.Me acompañó hasta su casa, no pude mirarla a los ojos durante el trayecto.La casa y yo la esperamos infinitamente, pobladas de preguntas. Una intrusa esperando a una extraña.¿Acaso el amor no es siempre extranjero?
Volvió, fue ella la que no podía mirarme a los ojos, la mirada fija en una enredadera del jardín mientras sus labios me hablaban. La miré fijo, le pedí que me hablara mirándome a los ojos.
Hasta hoy, no hemos dejado de mirarnos.

Merly dijo...

YO SOLO PUEDO DECIR... QUE NERVIOS!!

L a N a Ï f a dijo...

Sólo podemos decir esas cosas sin conocer demasiado al otro.

El amor, si ha de serlo, será una distancia.

Fiamma dijo...

W. Von Dunaiev: lindo lo que nos contás. Gracias por pasar y participarnos.
Un beso

Merly: gracias por pasar.

La Naïfa: así es, después viene todo el otro derrotero para construir con otra alteridad un cotiiano habitable. Pero no deja de ser precioso el monólogo del auto.
saludos